El año que viví en el quirófano

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Del libro de memorias del genial Gabriel García Márquez, Vivir para contarla.


—Si este cáncer es el que creo que es, el tratamiento consiste en una operación, si esta operación sale bien, tu vida será mucho mejor de lo que era antes de este evento—. Como les dije, yo me creí esto que me dijo el doctor Guzmán y así ha sido a partir de ese 12 de mayo de dos mil veinte, que me sometí a una de las operaciones más difíciles que hay en el mundo de las cirugías. Como contaba con un seguro de gastos médicos mayores que contemplaba un deducible ANUAL, resulta que los eventos que ocurrieran durante el siguiente año a partir de mi operación y fueran de los que aprueba Bupa, estaban cubiertos y al menos no me tendría que preocupar por el deducible. La verdad, después de pasar por un trauma como la operación que me practicaron, cero tenía ánimo de volverme a meter al quirófano, además siempre he sido anti cirugías, pero, habían pasado unos cuatro meses de eso y una mañana que estaba muy tranquila platicando con mi hija, de repente, sentí un dolorcito atrás de la pierna y cuando indagué qué era lo que me molestaba descubrí un enrojecimiento e inflamación atrás de la rodilla, justo en donde tengo un lunar de nacimiento. “Este es el truco—pensé—me libré del liposarcoma, pero este lunar canceroso era lo que estaba oculto detrás de toda la experiencia tan exitosa que había tenido hasta ahora”. Otra vez pensando que era demasiado bueno para ser verdad y ser para mi, y ese lunar enrojecido era la prueba. De verdad yo no soy negativa, al contrario, yo siempre creo que todo lo que me pasará son cosas buenas (a veces de más) pero mi estrés postraumático me seguía y no me dejaba en paz. Consulté telefónicamente con mi cirujano quien me tranquilizó pero yo no podía estar con esa incertidumbre y actué inmediatamente, obvio empujada por Sofía, mi hija, y por Polo. Fui a ver al doctor de la Barreda, dermatólogo en el hospital Ángeles; me tranquilizó también, no era el lunar lo que estaba hinchado y enrojecido sino algo que se había formado junto al lunar y que él recomendaba retirar ambos. Primero me dio antibiótico para quitar la inflamación y luego me operaría y se mandaría a analizar lo que sea que fuera y aprovecharía y quitaría el lunar. Así lo hice y afortunadamente todo salió muy bien, los resultados de patología salieron negativos y…me lo reembolsó el seguro.


¿Será que mi operación de várices en la pantorrilla puede ser cubierta por el seguro? Pues si, si entraba. Justo en esas andaba en la Ciudad de México buscando recomendaciones de un buen angiólogo y empecé a tener muchas molestias, primero con un dolor de cabeza insoportable que solo mejoraba si me quitaba los lentes, y dicho sea de paso no me los quitaba ni para bañarme, ya no venía nada y la última graduación había sido hacía menos de un año. Primero tenía que graduarme otros lentes y buscar unos armazones más ligeros, mi vista se había venido deteriorando de cinco años a la fecha; fui a ver a un oftalmólogo en la ciudad de México, el dr. Enrique Graue y me encantó su actitud y profesionalismo, le conté todas mis peripecias para poder hacer todo con mis lentes que usaba para ver de lejos, de cerca y vista media. —¿Por qué no te operas? Hay que hacerte unos estudios para ver si eres candidata, no todos lo son—. Me hice los estudios y resulta que sí era candidata pero surgió otro detallito, el estudio arrojó que mis ojos presentaban principio de cataratas y había que decidir entre dos tipos de operación: la láser o la refractiva; con una iba a seguir usando lentes con poquito aumento y con la otra no. La láser eran los dos ojos en la misma operación y con la refractiva era primero un ojo y a los quince días el otro. Decidí hacerme la operación refractiva pues como quiera algún día me la iba a tener que hacer. Esta investigación me tomó cerca de tres meses; lo siento pero con esto no se juega, eran mis ojos. Primero me operaron un ojo y como todo salió como lo esperábamos a los quince días el otro. Y resulta que la operación refractiva que era la mejor para mi ya que era candidata perfecta, me la pagaba mi seguro. Maravilloso.


Lo de la operación de las várices fue a raíz de una plática con Graue, que me recomendó muchísimo al doctor Herrera de Juana, al que consulté y por supuesto, esa no había que convencerme ni de asegurarme de nada, mi problema era operable y aunque no era urgente sí era muy necesaria, la verdad es que no me molestaban pero cada vez estaban más grandes y horribles. Me dijo el Dr. Herrera que el problema no era solamente estético sino de índole funcional y que tenía una edad perfecta para operarme así que eso fue lo que hice y con muy buenos resultados, a los diez días ya estaba en Puerto Vallarta de vacaciones.

Y bueno, aunque los seguros de gastos médicos mayores no cubren cirugías estéticas, me hice cinco operaciones que sí se notaron y cambiaron mi aspecto físico: en un año, me quitaron 5 kilos y medio de grasa de la “panza”, un lunar de nacimiento que ya no existe, ya no uso lentes y tengo vista 20-20 y mis piernas ya son presumibles pues puedo usar vestidos o faldas y bronceármelas a placer.


Esta historia que me cuento es real, no es un invento, pero he decidido contarme que esto de mi cáncer solo sucedió porque la vida no sabía cómo darme estos regalos además del departamento que tuvimos oportunidad de adquirir. Siempre me da por pensar que todas las cosas “malas” solo son oportunidades disfrazadas. Ahora solo tengo que calmar las voces de “pero sí pero no” de “híjole, si te dijimos esto pero no leíste la letra pequeña”. Gran tarea, la estoy afinando. Quizás solo me falta decirle a mi amor propio que me hable más fuertecito para tenerlo más presente.


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